El deseo de Peñalba en Belgrano y el día a día a sus 35 años

Gabriel Peñalba, el volante central de gran experiencia que se sumó al Pirata con el objetivo de regresar a Primera.

Su figura se destaca en el centro de la cancha del predio Armando Pérez donde trabaja el plantel de Belgrano. Es que sus casi dos metros (1.91) son indisimulables. Se trata de Gabriel Peñalba (35), el volante que llegó desde Veracruz de México para sumarse al proyecto de Caruso Lombardi en la “B”.

“La decisión de volver a Argentina la tomamos con mi señora porque queríamos darles un poco de estabilidad a los chicos. En los últimos cinco años estuvimos en España, Francia, Italia y México. Entonces pregunté cómo era la institución, la ciudad y todos me hablaron muy bien, así que no lo dudamos”, sostuvo.

Peñalba, de dilatada trayectoria, viene del fútbol mexicano, donde llegó por pedido expreso del dueño del Veracruz, Fidel Kuri Grajales. “Él me dijo que tenía las cuentas bloqueadas, por eso jugué sin cobrar sueldo e iba a ser así hasta diciembre. Después todo empeoró y terminó muy mal, porque la federación le quitó la licencia. Nunca cobramos. Pero bueno, uno tenía opciones para seguir trabajando, pero hubo gente que se quedó sin nada y eso es lo que duele de algo así”, recuerda el volante.

–Jugaste en Italia, Francia, España, México y Argentina ¿Es tan distinto el fútbol?

–Noté que el italiano es muy táctico y estructurado. El francés es muy vertical por las bandas, directo, usan los extremos mucho para el juego uno contra uno. El de España es el más rico de todos, porque lo hacen rápido por los controles orientados que tienen y eso es por la gran calidad técnica de los futbolistas. El mexicano es muy de ida y vuelta con muchos goles, pero ahora empezó a cambiar con la llegada de DT argentinos o de otros lados que van modificando la manera de jugar. Me encanta y es muy competitivo. Y el de Argentina es pasional, con mucho amor propio...

–Y fuera de la cancha es difícil acomodarse a los países...

–Italia y España está todo bien, son parecidos aquí. En Francia las comidas y las costumbres son distintas y cuesta un poco... México, te tiene que gustar el picante (se ríe). Pero en realidad uno se acostumbra, aunque es cierto que el deportista sabe lo que come y en mi caso mi señora me cocina.

Aprendió italiano y francés, idiomas que habla a la perfección, y sube la apuesta: “Me gustaría saber inglés, es una cuenta pendiente. Por allí me voy un año a la MLS y lo aprendo (se sonríe), pero a esta altura de mi carrera eso es medio complicado que se dé”.

–¿Cómo te manejas con las redes sociales y los medios?

 

–La verdad es que no las uso mucho. Al Twitter estuve por cerrarlo varias veces. Lo uso como bandeja de información. Pero las redes sociales son una mierda, perdón la expresión, pero es así. Y con las medios me pasó algo raro: era el típico jugador que al día siguiente de un partido me levantaba y compraba Olé, miraba cómo me habían calificado y esas cosas. Cuando me ponían que era un fenómeno la alegría me duraba media hora y se me iba, pero cuando decían que era un desastre me pasaba toda la semana dándome manija. Y me di cuenta de que no tenía sentido, porque al fin y al cabo no conocía al que escribía ni sabía quién era... es lo mismo que las redes, donde hay de todo, gente que está oculta, otros que hacen campañas políticas y así. Por eso es preferible no leer para no contaminarse. Me informo y listo.

–¿Cómo es tu día?

–Y es medio una rutina. Pasa que el día es como que se divide en dos. Porque me levanto muy temprano a la mañana, me entreno, almuerzo en mi casa con mi señora, duermo la siesta y después al levantarme, está la otra parte. Merienda, llevar los chicos a sus actividades y esas cosas. Me acostumbré así y no es que sea lo mejor o no, es como me acostumbre. Así lo hice durante toda mi carrera.

–Pero un asadito...

–Claro. Con mis amigos y mi familia me encanta.

–Ortigoza dijo que una vez un dirigente le pidió que no ganaran. ¿Te ha pasado algo así?

–A mí nunca. Pero te digo algo, soy muy amigo del “Gordo” y si lo dijo, es porque le pasó. Pero en lo personal no me pasó, no entendería que sucediera y si me hubiese sucedido, te aseguro que le contesto como él (“Me parece que te equivocaste conmigo. O te tengo que pegar o te das media vuelta y te vas”, fue lo que dijo Ortigoza).

–¿Qué desconfíen de tu entrega es el máximo dolor?

–Aquí el fútbol es muy dañino. Y en este medio nos conocemos todos, se sabe cuál es el profesional o cuál no. La realidad es que nunca tuve un problema de que me dijeran “no te cuidás”, pero cada uno sabe y no debe dejarse contaminar por los de afuera. La gente suele creer que el que deja todo es el que se tira al piso o traba con la cabeza y no siempre es así, porque a Román (Riquelme) nunca lo vi tirarse y dejaba todo. Claro está que sí hay que entregarse a pleno sin guardarse nada.

–¿Ves fútbol?

–Bastante. Ahora en una semana empezaré a ver todos los partidos de la Primera Nacional.

–Y tu señora no te dice nada...

–No. Ella tranquila con sus series y listo (se ríe).

–¿Por qué elegiste Belgrano?

–No lo tomé como una oportunidad de volver al país, no pensé tampoco en eso de romperla para irme a... Lo que quiero es sumar mi granito de arena, de todo lo que me dio el fútbol, para un proyecto que sé que es complicado y difícil, pero quiero aportar lo mío para ascender, eso es. Estoy para objetivos cortos, no es que si la rompo me van a buscar de otro lado, eso ya fue. Ahora pienso semana a semana, hay que ganar todo lo posible para ascender. “Están complicados”, me dicen, Y a mí nadie me llamó y me dijo que esto iba a ser fácil. Esto es un desafío personal y deportivo que me gusta y me ilusiona.



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