Belgrano y una columna vertebral cargada de experiencia

El torneo se pondrá en marcha para la "B" este 28 de noviembre y necesita de toda la firmeza de sus jugadores emblema en cada una de las líneas.

PABLO OCAMPO

Belgrano se prepara para afrontar desde la semana venidera el torneo de Transición de la Primera Nacional que da a los piratas una chance de ascenso a la Liga Profesional. Y la estación inaugural en el camino que debe recorrer el cordobés será el sábado 28, desde las 19.10, en el estadio de Mitre de Santiago del Estero.

La preparación para llegar a este momento comenzó el 3 de septiembre con la vuelta a los entrenamientos en el predio Armando Pérez. En el camino quedaron los más de 250 días que lo separan del último partido, los casos de Covid-19, los protocolos y los amistosos de preparación. Ahora es el momento en el que el equipo debe aparecer y transformarse en protagonista.

La hora de la verdad, más allá de todo lo hablado en estos más de ocho meses de parate, llega ahora, y para ilusionarse el Pirata tiene y mucho. El equipo de Caruso Lombardi cuenta con una gran experiencia en su columna vertebral y desde hace bastante tiempo no le pasaba esto de contar con una que reuniera las características que hoy tiene: el famoso 2-5-9.

2016-2017

En el primer año tras la partida de Ricardo Zielinski, en la temporada 2016-2017, el equipo intentó un cambio de paradigma en su manera de jugar y no tuvo los resultados deseados. En aquellos tiempos, la dupla de centrales era Lucas Aveldaño y Cristian Lema.

“El Pela”, un jugador con mucho sacrificio y una gran entrega. Su compañero de línea, un aguerrido marcador que muchas veces pecó por su falta de calidad, pero al que nunca se le cuestionó su sacrificio.

En la mitad de la cancha estaban Guillermo Farré, el poseedor del estilo “Zielinski” y el abanderado de una era que llegaba a su ocaso a fuerza de determinaciones dirigenciales. Y, a su lado, un Federico Lértora que empezaba a erigirse en el nuevo patrón de la mitad porque su temperamento fue el que marcó una época, más allá de que su alarmante falta de técnica le jugara muchísimas veces en contra.

Finalmente, en ofensiva se había dado el regreso de Matías Suárez. Un “distinto” cargado de calidad y que debía readaptarse al fútbol argentino, pero con su magia intacta, aunque esta apareciera a cuentagotas. Muchas otras veces fue Claudio Bieler el que estuvo de “punta de lanza”, pero sus altibajos futbolísticos lo hicieron pasar por el club sin dejar una huella distintiva.

2017-2018

Fue un año raro. Porque la temporada se inició con “el Gallego” Méndez en el banco y se terminó con Pablo Lavallén en su lugar. Más allá de que el estilo de ambos fue similar, el mejor momento del equipo se mostró en el cierre de la temporada.

Erick Godoy y Cristian Lema conformaron la dupla de centrales y ambos tuvieron un final de temporada muy bueno. Godoy se fue a Colón, quien tentó a sus representantes y se quedó con una parte de la ficha, mientras que Lema tuvo un año cargado de altibajos, jugando partidos flojos y otros no tanto. Pero le alcanzó para tener una oportunidad de emigrar a Europa y no dejarle ni un centavo al club que le había comprado una parte de su ficha.

 

En la mitad del campo de esa temporada, Lértora compartió muchos partidos con “el Marciano” Ortiz y fue "una de cal" y otra "de arena". Porque la fiereza del ex-Arsenal no se correspondía con el andar del ex-Independiente. Ortiz tuvo un paso "para ponerse bien" y se notó, pues su nivel no fue de lo mejor y, cuando no le tocó estar, su lugar fue para Martínez Pintos. El uruguayo comenzó con firmeza y con mucho ímpetu, pero se diluyó con el tiempo.


En el ataque, fue otro año de Matías Suárez. Otra temporada en la que se esperaba más y más del ex-Anderlecht, para que mostrara todo su talento, pero no pudo conseguirlo.

2018-2019

La más floja de los últimos años, con jugadores que no daban la talla para estar en un plantel de Primera que buscaba conseguir la permanencia. El año futbolístico se puso en marcha con Sebastián Olivárez en el fondo. “Cebolla” hizo todo lo posible para ser sustituido, pero Bernardi, primero, y Osella, después, no tuvieron la firmeza para sacarlo del equipo. Estuvo seis meses y realmente sus actuaciones fueron flojísimas. Además, en la zaga lo acompañó en varios partidos Hernán Menosse, quien también desentonó con las urgencias de la “B”.

 

Para la segunda mitad del año, entró en escena Marcelo Herrera. Un zaguero llegado desde Lanús que jugó 10 partidos y fue regular: todos los disputó de manera floja. Pero lo hizo hasta el momento del descenso. Lo más saludable de este primer semestre de 2019 fue la aparición en el equipo de Joaquín Novillo, quien se ganó un lugar en el equipo y nunca más lo perdió.

En ese flojo año que terminaría con el equipo en segunda, Lértora fue nuevamente el volante central y su guapeza lo caracterizó en la zona media, pero su entrega siempre se contrapuso a la hora de manejar o jugar la pelota, lo que siempre siguió como una cuenta pendiente.

En la ofensiva, el año se inició con Suárez, quien en enero de 2019, a 10 fechas del final, le dio la espalda al Pirata y se fue a River. Tras su partida, llegó Diego Mendoza, un atacante que en 10 encuentros no pudo marcar un gol y se alejó de Alberdi sin dejar una huella.

 

El presente

Luego del descenso, arrancó el año con algunos altibajos y con muchas dudas. Las pruebas de Alfredo Berti, el interinato de Julio Constantin y la llegada de Ricardo Caruso Lombardi le dieron cambios y movimientos a la columna vertebral del equipo.

Rodrigo Erramuspe como primer central o Ignacio Vázquez no fueron garantía de firmeza en el puesto. Algunos partidos bien y muchos de los otros fueron sacudiendo el presente de un equipo que nunca mostró la firmeza en la línea final, que sufrió goles tontos y que siempre deambuló de la mitad de la tabla para abajo.

Hernán Bernardello y Martín Rivero se las arreglaron para mantener el medio juego. El rosarino tuvo un buen campeonato, pero no siempre alcanzó. Rivero volvió de a poco a ser el que vino de Patronato.

En ofensiva, hubo una dupla que fue letal, porque si Nahuel Luján fue la desfachatez y el desequilibrio permanente, Pablo Vegetti mostró por qué es uno de los goleadores del campeonato. Todo lo que le tiraron lo hizo gol y gracias a eso el equipo no cayó más abajo en la tabla.

 

La llegada de Wilfredo Olivera le da mucha experiencia y orden a la zaga. Novillo puede encontrar en el ex-Sarmiento a un “maestro” que le dé una mano para terminar de formarse como un central. En el medio, la dupla Bernardello-Rivero está funcionando muy bien y eso es más que saludable para el equipo. Por último, Vegetti tendrá ahora quién le ayuda en ataque, porque Marcelo Estigarribia estará junto a él en las incursiones ofensivas.

Escrito por Mundo D


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